De Auschwitz a CECOT: NO es lo mismo - 28/01/26
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En esta entrega de La Psicoteca, César Vidal y Miguel Ángel Alcarria reflexionan, a propósito del Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto, sobre un fenómeno cada vez más frecuente: comparar el CECOT (la cárcel de máxima seguridad de El Salvador) con los campos de concentración nazis.
Alcarria subraya que esa analogía, cuando se hace sin rigor, banaliza el Holocausto: Auschwitz no fue una “prisión dura”, sino un sistema de aniquilación, y en los campos predominaban víctimas, no criminales. Explica además que invocar el Holocausto como recurso retórico suele buscar activar emociones inmediatas (miedo, indignación) para cerrar el debate y anular el pensamiento crítico. Desde la psicología del trauma, advierte de efectos sociales graves: polarización, simplificación del juicio, respuestas extremas, desensibilización (el horror pierde singularidad) y, aún peor, el desplazamiento del foco desde las víctimas reales hacia los verdugos, con el riesgo de una “inversión moral” (pone como ejemplo dinámicas similares vividas en España con el relato sobre ETA).
Con contexto, aborda qué es el CECOT: un centro creado en plena emergencia por la violencia de las maras, destinado a aislar a delincuentes extremadamente peligrosos. Reconoce que sus condiciones son extraordinariamente restrictivas (encierro prolongado, luces 24 horas, pocas visitas, sin programas de reinserción) y que pueden criticarse, pero insiste en distinguir austeridad de tortura, y hechos comprobados de denuncias difíciles de verificar por falta de acceso independiente. En el tramo final, ambos amplían el debate sobre la proporcionalidad del castigo, el uso abusivo de términos como genocidio o tortura y la tentación de justificarlo todo por “efectividad”, recordando que lo eficaz no siempre es moralmente aceptable ni exportable a cualquier país (comparan El Salvador con México y otros estados golpeados por el crimen organizado).
Cierre: el Holocausto merece memoria y rigor, no comparaciones fáciles; y el debate sobre seguridad y derechos humanos exige matices, datos y claridad moral para no confundir víctimas con verdugos.